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May 13, 2016

¿Legislar sobre los deberes escolares?

Publica la prensa estos días que la Asamblea de Madrid ha aprobado una proposición no de ley para regular los deberes escolares.
Dicha proposición, presentada por Ciudadanos, ha contado con el apoyo del PSOE y Podemos y la abstención del PP.
Entre otras cosas, la propuesta "propone, además, establecer un «porcentaje de tiempo máximo que deben dedicar los alumnos a las mismas» e «informar del grado de cumplimiento de esta resolución ante esta Asamblea al comienzo del curso escolar 2016-2017" 

Hace algún tiempo publiqué otra entrada que traigo aquí de nuevo para aportar algo más a este debate.

De entrada, el hecho de que nuestros políticos decidan  regular los deberes escolares "por ley"  y que lo hagan en un momento tan inestable políticamente como este, con un gobierno en funciones y sin ningún acuerdo educativo global a la vista, da que pensar.  Espero que nuestros políticos demuestren más interés y sean más aplicados  porque han estado varios meses sin hacer sus deberes y ¡mira que han tenido un "porcentaje" amplio de tiempo!. 

En segundo lugar, lo del "porcentaje de tiempo" máximo o mínimo ¿también lo van a legislar? ¿Va en serio? Estoy deseando ver cómo pretenden regular eso (es un alivio saber que van a crear un grupo de "expertos"...¡glup!)



Twitter publicó el año pasado esta noticia:




Los deberes escolares son un asunto que siempre está de actualidad. Muchos de los padres/madres o maestros/as  que leáis estas líneas os estaréis preguntando que dónde está el debate porque no tenéis ninguna duda de que los deberes son absolutamente necesarios. Muy al contrario, otros tendréis justo la opinión contraria: no hay debate porque los deberes son absurdos y deberían desaparecer.  Y algunos, quizá mantengáis la duda y no tengáis formada una opinión clara.

En la prensa podemos leer opiniones para todos los gustos:

DEBERES ESCOLARES ¿RUTINA NECESARIA O CONDENA? (EL PAÍS)


CARGADOS DE DEBERES (EL MUNDO)

DEDICAR MÁS DE 4 HORAS DIARIAS A DEBERES ES INÚTIL (LA VANGUARDIA)


LA OMS ADVIERTE DE QUE LOS DEBERES PERJUDICAN LA SALUD (EL PERIÓDICO)


Vayamos al tema.  

Lo que es una evidencia es que España es uno de los países que más deberes manda (6,5 horas de media) y, sin embargo, no sitúa a nuestro país entre los países con mejores resultados educativos según todas las evaluaciones internacionales. En muchos países, los deberes están incluso prohibidos en la etapa de Primaria.


En mi opinión, el debate deberíamos situarlo en otra dimensión. No se trata de deberes SÍ o deberes NO. Quizá lo primero sea aclarar de qué hablamos cuando hablamos  de DEBERES ESCOLARES.

Si  se trata de alargar la jornada del alumno con tareas repetitivas, idénticas a las practicadas en el aula; tareas iguales para todos los alumnos que solo suponen más "cantidad" de cuentas, lecturas o problemas... mi respuesta sería decididamente en contra. Además, creo que cuando un alumno se enfrenta a ciertas tareas debe hacerlo en presencia de su profesor: nadie mejor que él para guiarle en su aprendizaje, aclarar dudas, plantear retos, y medir la ayuda justa que promueva un aprendizaje autónomo y significativo. Muchas veces las "ayudas" en casa (padres, profes particulares, academias, hermanos mayores....) no están medidas y hay alumnos que simplemente "hacen" los deberes o se los hacen sin que ello suponga ninguna mejora en su aprendizaje real.  Cinco horas en el aula deberían ser suficientes como horario "laboral" del alumno. Quizá debamos cambiar algunas prácticas educativas en las aulas para lograr un aprendizaje más eficaz y duradero; pero ése es otro asunto, a mi juicio más urgente y necesario y muchísimo más preocupante.  Por ello, decía al comienzo que el cambio educativo debe venir desde dentro de las aulas, dudo mucho que una ley reguladora de deberes consiga modificar nuestras prácticas de forma generalizada y eficaz. Por eso creo que los árboles quizá no nos dejan ver el bosque. 

Si los deberes consisten en tareas que promuevan la creación de un hábito de trabajo o de estudio que les será necesario a lo largo de toda su vida (no solo escolar o laboral); tareas que potencien la reflexión, el pensamiento crítico, la búsqueda y selección de información, la opinión personal, la creatividad ..entonces, mi respuesta sería decididamente a favor. Ello supone realizar tareas individualizadas, diferentes según las necesidades de cada alumno (si en clase no hacen todos lo mismo y en el mismo momento, ¿por qué habrían de hacerlo en casa?)  y que, en ningún caso, suponen una carga extra o una forma de alargar la jornada escolar.





Entonces, ¿para qué mandan deberes los profesores?

Según declaran en algunos estudios los profesores dicen que....

- para reforzar el aprendizaje y fomentar el esfuerzo
- para crear hábitos de estudio y disciplina
- porque no da tiempo a ver todo en clase
- porque los padres lo demandan
- porque son necesarios
- porque no van a estar toda la tarde sin hacer nada.

Personalmente, creo que el aprendizaje no necesita deberes para ser "reforzado" si se crean en el aula contextos de aprendizaje de calidad; mis alumnos se esfuerzan cada día así que no necesito deberes para "fomentarlo", necesito un diseño de clase atractivo y motivador; en mi clase "da tiempo a ver todo" ya que no uso libro de texto y tienen cabida multitud de contenidos (el drama de los refugiados por ejemplo). Muchos padres no lo "demandan", al contrario (de ahí este debate que nació por la iniciativa de una madre, Eva Bailén,  con su ya famoso vídeo) Sobre las últimas afirmaciones...caen por su propio peso: nadie está apostando por estar "sin hacer nada", igual que no creo que nadie esté en contra de crear "hábitos de esfuerzo, estudio o disciplina".

Si analizamos bien los hechos y todas las investigaciones internacionales, nos encontramos con estas evidencias:

- no tienen como consecuencia una mejora del rendimiento de los alumnos.

- producen desigualdades sociales (como denuncia la OCDE), o al menos, las mantienen o profundizan, ya que hay familias que por sus condiciones económicas, sociales y culturales pueden "ayudar" a sus hijos, mandarles a "clases particulares"... y otras familias no pueden. Muchos padres tienen horarios laborales que les hace imposible prestar esa ayuda a sus hijos.

- Son motivo de tensiones familiares y escolares: castigos, amenazas, discusiones.... La vida familiar gira muchas veces en torno a los deberes, y también la escolar con tensiones varias (castigarles por "venir sin deberes", dejarles sin recreo, expulsarles de clase mientras se corrigen, bajarles las notas, dedicar mucho tiempo a "sermonear" sobre la importancia de hacerlos... ) 

-Crean cansancio y rechazo entre muchos alumnos y suponen un problema añadido para los más desfavorecidos o con más dificultades.

- Impiden o dificultan realizar otras actividades (deportivas, culturales, familiares...) tan necesarias para la educación integral de la persona. 

En definitiva, y como decía al comienzo, la clave está en qué tipo de tareas se mandan. Para mí deben ser tareas complementarias y no continuar con las tareas escolares realizadas en el aula (más cuentas, más problemas, memorizar de forma inútil y poco productiva, ....).  Voy a mojarme más aún:  aclaro, de entrada, que no soy teórico de nada, soy un simple maestro que tras 25 años en la docencia en Primaria habla desde su práctica, de su experiencia en el aula. Confieso que hace tiempo eliminé los deberes , digamos "tradicionales".   No me aportan nada para el aprendizaje de los alumnos, salvo algunos conflictos con los alumnos que más dificultades tienen. Además, como profesor hay tareas que no quiero perderme, que quiero realizar con mis alumnos, primero para ayudarles  y guiarles y ,en segundo lugar, para disfrutar del proceso, porque verles aprender, emocionarse, implicarse en la tarea... reconforta a cualquier docente. 

Los "deberes" que suelo poner van en esta dirección, tareas que en muchos casos incluso pueden realizarse "en familia" ya que necesitan de la "colaboración" de padres, madres, abuelos, abuelas, hermanos. ¿Qué tipo de tareas? Ahí van unos ejemplos:

- realizar alguna lectura previa para su trabajo posterior en el aula
- redactar opiniones o comentarios a partir de una noticia o entrada en un blog de aula
- grabar un poema para practicar su recitado
- buscar alguna palabra en el diccionario para mejorar el vocabulario
- ensayar una exposición oral
- realizar alguna fotografía para su uso en el aula
- ilustrar un cuento o realizar un dibujo para un trabajo escolar
- participar en tareas colaborativas mediante wikis, blogs u otras herramientas TIC 2.0
- para aquellos alumnos con dificultades específicas podrían plantearse un trabajo "especial" con tareas concretas, motivadoras que compensen su desfase curricular o sus lagunas de aprendizaje.
-etc.... (programas de cálculo mental, mejoras de la velocidad lectora, memoria visual para la mejora de la ortografía, etc...)

(las tareas las coordino desde mi web, por si a alguien le interesa)


Pero, insisto, creo más urgente debatir de lo que sucede en el aula: de metodologías "activas", de tareas multinivel, de aprendizaje significativo y motivador, de competencias,  de  trabajo cooperativo, de ABP, de proyectos colaborativos, de inclusión, de menos competitividad e individualismo, de una evaluación más diversa que atienda a la diversidad del aula.  Cambiemos lo que tiene lugar en el aula  y quizá no tengamos que legislar para lo que sucede fuera.

Dec 9, 2014

¿DE VERDAD POTENCIAMOS LA AUTONOMÍA DE LOS ALUMNOS?

En todas las programaciones y diseños curriculares y leyes educativas aparece como objetivo y fin primordial potenciar la “autonomía” de los alumnos. La misma OCDE indica cómo la “autonomía” de los profesores y de los centros educativos constituye una variable importante para la calidad del sistema educativo.
Si buscamos la definición de autonomía nos encontramos con afirmaciones como que la autonomía en filosofía, psicología y sociología, es la capacidad de una persona de tomar decisiones sin intervención ajena. Evidentemente, no se trata en el aula de que el alumno tome decisiones “sin intervención ajena”. De la autonomía a la independencia hay un trecho. No hablamos de que el alumno sea “autodidacta” y no necesite al profesor o que éste deje de tener el control. Pero sí que deje de ser protagonista. Mucho se ha escrito sobre la definición del concepto de “autonomía” (para los interesados, recomiendo la lectura de los estudios de Holec, 1981, aunque solo lo encontré en inglés).
Para mí, permitidme la broma,  se acerca más a lo que entendemos como autonomía de un teléfono móvil u otro aparato similar: el tiempo que un dispositivo (niño) con una fuente de alimentación independiente (profesor) puede permanecer en activo (aprendizaje) hasta el agotamiento de dicha fuente (algo que suele ocurrir muy a menudo debido a las condiciones de nuestro trabajo, ¡menos mal que enseguida cargamos pilas y comenzamos de nuevo!). Ayudar al alumno a encontrar su estilo de aprendizaje y tomar conciencia de ello utilizando estrategias adecuadas para aprender.
Sigamos aclarando la terminología para saber a qué referirnos. Acordemos que hablar de autonomía es hablar de responsabilidad, toma de decisiones y estrategias de aprendizaje: 
En primer lugar supone la creación de estrategias de aprendizaje individuales en el alumno. Eso conlleva, evidentemente, cierto grado de responsabilidad del alumno sobre su propio proceso de aprendizaje. Y esa responsabilidad se adquiere tomando decisiones que afecten directamente al proceso de aprendizaje y, por qué no, al de enseñanza. 
Llegados aquí, viene la pregunta clave: ¿pueden nuestros alumnos ser autónomos? ,¿Cómo podemos lograr ese objetivo tan deseado? y, sobre todo, si de verdad nos planteamos ese objetivo, preguntémonos con sinceridad ¿Cómo queremos que nuestros alumnos sean autónomos si les decimos en cada momento lo que tienen que hacer y cómo tienen que hacerlo? ¿lo de "ser protagonista" se plasma en la realidad cotidiana del aula o solo en nuestras programaciones?
 ¿Os imagináis a un padre intentado explicar a su hijo cómo montar en bicicleta subido en ella constantemente, dándole normas de su funcionamiento y uso mientras su hijo le escucha corriendo tras él? ¿No nos sucede esto en el aula?. 



Normalmente en nuestras aulas el alumno es dirigido en todo momento por el profesor (o peor, por el libro de texto) sin que tenga la más mínima posibilidad de decidir el ritmo de aprendizaje, el material a utilizar…. Ello transmite una idea errónea y muy perjudicial sobre qué es aprender. La idea de que uno no puede aportar nada a su propio aprendizaje. Lo contrario de la autonomía. El aprendizaje se convierte en acumular conocimientos que le transmite el profe y volcarlos luego en un examen. Cuánto más se parezca al original mejor nota obtendrán.
Para fomentar la autonomía del alumno creo que tendríamos que 
Redefinir nuestro papel en el aula: asumir que en el fondo no podemos “enseñar”, que el alumno es el que aprende a partir de su actividad. Sería más provocar preguntas que dar respuestas, suscitar el deseo de aprender, despertar la curiosidad, facilitar situaciones de aprendizaje; crear un interés más que exigir un esfuerzo. ¿nos esforzamos nosotros cuando estimamos que algo no merece la pena ser aprendido?
José Antonio Marina contaba una historia muy ilustrativa: Recuerdo la anécdota de un profesor de pedagogía americano que el primer día de clase dijo a sus alumnos, futuros maestros: «He dedicado este verano a enseñar a hablar a mi perro. Está ahí fuera. Si quieren puede hacerles una demostración». Los alumnos por supuesto asintieron. El perro entró, se tumbó y el tiempo pasó sin que dijera palabra alguna. Al fin un alumno protestó: «Profesor, su perro no habla». El profesor contesto: «Yo les dije que había enseñado a hablar a mi perro. No que mi perro hubiese aprendido. No olviden eso en el futuro. Nuestra profesión no es enseñar, sino conseguir que aprendan».
 - Replantear lo que sucede dentro del aula: qué se aprende y cómo se aprende. Cuál es la actividad del alumno. Leí en algún sitio que en el aula no se “está”, en el aula se “vive”. Hagamos que nuestros alumnos “vivan” el aula y dejen simplemente de estar, de pasar el día sentados escuchando al profesor o al libro de texto. Tenemos una de las tasas más alta de abandono escolar de Europa. ¿cómo lograr que vivan la escuela? Impliquémosles en proyectos e iniciativas interesantes que les exija poner en práctica competencias múltiples, desatémosles del libro de texto y de tareas repetitivas y sin sentido (¿cuánto de lo que hacemos en el aula es pura “inercia”, porque todos lo hacen así o porque así nos lo enseñaron o simplemente porque “toca” en la lección de hoy?) 
Asumir que la interacción es el motor del aprendizaje. El alumno no puede ser mero consumidor de los conocimientos expuestos por el profesor o el libro. Debe ser creador de conocimiento y eso se hace en grupo Ningún profesor y ningún alumno deberían trabajar solos. Crecemos con otros, vivimos con otros, pensamos con otros, nos educamos con otros. Somos comunidad. 
Autonomía es : reconocer las propias necesidades de aprendizaje, involucrarles en proyectos compartidos y asumidos como propios, hacerles explícitos los objetivos (qué quiero aprender, por qué o para qué quiero aprender eso, qué sé y qué necesito saber para lograr el objetivo, cómo puedo aprender eso de manera más eficaz, qué estrategias debo seguir según mis capacidades y posibilidades..) y luego reflexionar sobre el resultado (qué he aprendido, fueron acertadas las estrategias seguidas, qué otros caminos podría haber cogido…) ¿pero qué espacio dejamos a nuestros alumnos? 
- Espero que nadie piense que hago una crítica fácil ni menosprecio la labor del profesor ni le culpabilizo. Al contrario, con mi argumento pretendo reivindicar la importancia del docente. Ninguna reforma o ley educativa serán nada sin contar con nosotros. Somos la clave de cualquier mejora posible. Tomemos de una vez las riendas y exijamos (y ganemos) la consideración que nos merecemos. (habría que hablar de la formación inicial universitaria, el acceso a la profesión, la carrera docente, la actualización didáctica, el reconocimiento a las buenas prácticas, las condiciones laborales, los recursos disponibles, el apoyo de las familias…). 
Que la autonomía no se aprende solo en el aula. Las familias tampoco reman siempre en la misma dirección y convierten a sus hijos e hijas en individuos dependientes, inseguros y pasivos. Es necesario que en la vida familiar y social les acostumbremos a participar: como consumidores, como ciudadanos…
Que nadie piense que creo tener la razón. Creo estar cargado de fuerzas y razones (¡qué palabras, prestadas del profesor Gabilondo!) a partir de mi trabajo cotidiano, pero sin respaldo de ningún otro argumento que mi experiencia en el aula.