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Dec 3, 2017

Se avecina marejada...educativa


El martes 5 de diciembre se publica el informe PIRLS (tipo PISA) que trata de evaluar el rendimiento en lectura al finalizar 4º de Educación Primaria. Además, este año 2016 se incluye ePIRLS, una evaluación de la lectura en línea.  Hace unos años escribí con motivo de este asunto esta reflexión que, me temo, siga de actualidad. Solo basta esperar un poco y echar un vistazo a los titulares que se nos avecinan. 

La Red está inundada de noticias sobre las evaluaciones externas, especialmente PISA.   Un océano de  titulares, que a la vista de las expresiones utilizadas y el tono empleado, parece estar siempre encrespado y con fuerte marejada. 

En un primer momento, desde la orilla, me fijé en el "tono" de las noticias: "se rajan" (en todas partes cuecen habas, también en Colombia); "los mejores y los peores", "a la cola", "suspenso en la vida real",  "anclada"...). 




Decidí entonces dejar de nadar por  la superficie  y sumergirme en las profundidades de las noticias. A medida que me adentraba  y leía y leía, la presión era mayor y sentía esa falta de oxígeno que te obliga de vez en cuando a salir a la superficie.  Ni mis pulmones ni mi cerebro aguantan ese trago.
Esos titulares melodramáticos y catastrofistas contrastan con mis ideas de lo que es y debe ser la educación y de lo que son y deben servir las evaluaciones externas. En mi opinión, esos titulares no aportan mucho a un debate educativo serio (tengo claro que tampoco es esa su intención).
Una vez pude quitarme la arena de los ojos y despejar el camino, topé entonces con extraños seres desconocidos a los que no quise ni detenerme a contemplar mucho tiempo (esas referencias  a Madrid / Cataluña cual cutre discusión futbolera cuyo propósito real desconozco pero que podemos imaginar)

Y como el mar estaba bastante movidito y la bandera ondeaba roja,  opté por retirarme a la playa y meditar lejos del mundanal ruido con la necesaria tranquilidad.



Me llamó la atención el distinto tratamiento de esta noticia ante la publicación de resultados PISA de 2012.  Las dos están publicadas el mismo día: el 3 /12/ 2013.  

El primero,  nos indica que España "escala posiciones" aunque luego matiza que sigue por debajo de la OCDE pero no deja de presentarlo como noticia positiva. 

El segundo,  nos advierte de que España "sigue anclada a la cola".

¿Cómo puede ser que escalemos posiciones si seguimos anclados a la cola?

Una atenta lectura completa de cada noticia nos da la respuesta. Fijémonos en las palabras utilizadas.

En la primera, nos hablan en tono algo más optimista, podemos leer que se reduce la brecha, que 7 comunidades superan la media de la OCDE, que España casi roza los promedios en las tres materias
Después hace un repaso a la situación de otros países y luego analiza los resultados españoles por materias. El optimismo sigue presente: en lectura alcanzamos el máximo valor (488) desde 2003 (481), bajó en 2006 (461) y remontó en 2009 (481). También en Ciencias alcanzamos la puntuación superior de las ediciones anteriores (496), en mates sí estamos estancados. 
Para finalizar la noticia destaca con letra negrita algunas consideraciones referidas a la la equidad (los alumnos con un nivel socieconómico favorecido superaron a los de nivel más bajo) y termina con una referencia a los resultados de los chicos y de los repetidores (que obtienen 102 puntos menos) 

En la segunda cambia la cosa. Comienza destacando en negrita que  el sistema educativo español se mantiene en las posiciones de la cola. Dice que PISA es pesimista respecto a nuestro país y que España permanece anclada justo por debajo de la media de la OCDE.  No se entiende muy bien esa insistencia en lo negativo cuando luego podemos leer (en los apartados de cada materia) frases como :  en matemáticas, nos mantenemos más o menos igual....; en Lectura, España crece 7 puntos.....Y, en Ciencias, que es donde mejores resultados conseguimos de las tres disciplinas, pasamos de 488 a 496 puntos

Como en el primer caso, dedica unas líneas a destacar el empeoramiento de la equidad y termina con un apartado sobre declaraciones de algún dirigente político. 

Tampoco me alargaré más, la lectura de las noticias deja una imagen clara de la intención de cada medio y el motivo de destacar uno u otro dato. El uso del lenguaje no es neutral. 

¡Qué manera tan parecida y tan diferente  de explicar una misma frase! 


 No entremos a discutir el uso de la negrita o las comillas en los textos ¿verdad?

Existe una diferencia enorme entre información y opinión y sobre todo, entre información y desinformación.  Ya sabemos que es inevitable que los periodistas informen y opinen y valoren las noticias, que son prácticamente inseparables opinión e información y, ello es perfecto, porque valorar es una forma de explicar la noticia si se hace desde el rigor, la transparencia y la honestidad.  Lo malo es cuando se utiliza la opinión para tergiversar y manipular la información porque se falsea dirigiendo la mirada solo hacia datos sesgados y sacados de contexto.
Creo que estos titulares entran en el juego político de utilizar la educación como arma arrojadiza entre adversarios. Importa poco el debate educativo y la búsqueda de soluciones.  Menos mal que después de la tempestad, siempre viene la calma. 
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Dec 18, 2016

¿Qué notas?

Llega diciembre y, además de la Navidad,  es tiempo de notas escolares. Y lo digo intencionadamente: es tiempo de "notas escolares" porque el tiempo de "evaluación" se debería dar durante el desarrollo de las tareas en el aula (y fuera de ella) a lo largo de todo el trimestre. La evaluación no es una estación de llegada. Solo la evaluación que acompaña al alumno/a en su tarea cotidiana le es útil para reconducir sus esfuerzos para lograr el objetivo planteado. Pero seguimos separando el tiempo en el que se enseña (y por lo visto, se aprende) y el tiempo en el que se demuestra que se ha aprendido (al final de cada trimestre, justo antes de los periodos vacacionales de Navidad, Semana Santa y verano).
Y digo intencionadamente "notas escolares"... para los alumnos porque, por lo visto, no es tiempo de notas escolares para la acción docente ni para la acción familiar, inseparables del proceso de aprendizaje de nuestros alumnos/as.




Ante las notas, me rindo.  Llevo casi 30 años de docencia y no soy capaz aún de reducir lo que mis alumnos/as aprenden o no aprenden a una nota numérica. Seré así de torpe pero en esto no "progreso adecuadamente".  Pero es lo que toca, por lo visto. Ni las autoridades educativas (con una ley absurda que limita la enseñanza a entrenar para pasar pruebas externas y superar estúpidos e innumerables estándares), ni los medios de comunicación (que nos PISAn continuamente con sus titulares), ni muchas familias (que siguen confundiendo "aprobar" y "saber"), ni muchos docentes (que convierten las sesiones de evaluación en un simple intercambio de notas) parecen tener ningún interés en evaluar. 

La evaluación no es solo  comprobar los resultados de la actividad de los alumnos/as. Debería ser un instrumento de intervención educativa. ¿De verdad los docentes utilizamos la evaluación como una herramienta para reconducir nuestra acción en el aula e introducir mejoras en nuestra práctica escolar? Oigo hablar poco de eso en estos días finales de trimestre. 

Este es el boletín de notas que recibe un alumno/a en Madrid, con el sistema informático SICE:

¿De verdad esto puede resumir el aprendizaje de un alumno durante un trimestre? Reducimos toda la actividad de un alumno/a durante tres meses a un 5, un 7 o un 8.  Afortunadamente, han tenido el detalle de dejar un "espacio" para las observaciones del tutor. ¿No lo has visto? Fíjate bien, está al final, señalado de color amarillo.  No sé si me dará para un simple "Feliz Navidad".
¿Ahí debo incluir todas mis observaciones sobre el aprendizaje?  ¿Cómo detallar ahí los puntos fuertes de ese niño/a o sus debilidades, sus logros y sus dificultades,  su grado de adquisición de los contenidos, su desempeño de las competencias básicas, sus progresos o limitaciones, su actividad y participación en el aula, su interés, atención y curiosidad por aprender, su manera de colaborar y relacionarse con sus compañeros/as,  su comportamiento en el aula, su ritmo de trabajo, su autonomía o su dependencia del profesor, las estrategias que sigue ante una tarea, su afán de superación o su iniciativa... y tantas y tantas cosas que como tutor debo evaluar? 

No voy a alargarme hablando de la diferencia entre "evaluar" y "calificar", mucho y muy bueno se ha escrito ya sobre ese asunto.  No voy a detenerme mucho más en diferenciar "aprobar" y "saber", ni ahondaré en lo que  Salva Rodríguez  llama "aprendizaje fingido", en una expresión acertadísima, o en la diferencia que marcan esas notas entre "buenos y malos" o peor aún entre "listos y menos listos"; no hablaré de la falta de fiabilidad y validez de muchas pruebas que ponemos los maestros, de muchos exámenes que miden los conocimientos que pueden medirse pero no lo que el alumno "aprende" en su sentido más amplio; no hablaré de unos métodos de evaluación que transmiten una forma de entender el aprendizaje muy perjudicial (memorizar y volcar ese contenido lo más parecido posible al original como garantía de éxito). ¿Hablamos del grado de "incertidumbre" que tienen las notas?, quiero decir, ¿hasta qué grado no influyen en las notas nuestras impresiones subjetivas, nuestras expectativas, nuestras decisiones en el día a día en el aula..? No todo en la nota depende del alumno, buena parte de ella no refleja la acción del alumno sino la nuestra. 

Creo que las notas en Primaria son un obstáculo para el aprendizaje porque se colocan como meta de toda tarea educativa. Y no son la meta, deberían ser una herramienta.  El boletín, ese boletín, no aporta ninguna información útil a las familias sobre el proceso de aprendizaje (¿un proceso reducido a un número? ¿así saben las familias como "va" su hijo/a en el colegio?) y a mí, como tutor, me plantea un problema al rellenarlo. Y sobre todo, no le sirve al alumno/a para nada: sean buenas o malas las calificaciones no le indican el camino a seguir,  los cambios a realizar, las estrategias a desarrollar para lograr vencer los obstáculos... (algo más concreto que "estudia más", "esfuérzate más", "tienes que mejorar"...). 

¿Qué propongo?

Dos cuestiones sencillas:

1- Hacer una evaluación más diversa, como diversos son nuestros alumnos/as, sus intereses y necesidades y sus ritmos de trabajo. Para ello, a mí me funcionan las rúbricas de evaluación (ver final del post) y el portfolio. Con las rúbricas los alumnos pueden orientar sus esfuerzos a lograr la máxima puntuación porque los criterios son claros y objetivos. El portfolio constituye una "mochila" completa con la que contemplar la tarea de cada niño/a en su totalidad: sus progresos y sus dificultades. Y es un elemento esencial para la autoevaluación ( tan importante para lograr un aprendizaje eficaz).En él se incluyen todas las producciones del alumno/grupo: cuadernos, textos finales y bocetos, pruebas escritas,.... Al final de cada mes se realiza una valoración del trabajo realizado (seleccionado qué materiales serán objeto de evaluación ya que la cantidad es enorme y no todo se evalúa, solo lo más significativo, es decir, aquello que refleje una verdadera mejora ya sea en rendimiento, en procedimientos empleados o en funcionamiento y eficacia del grupo.

2- Eliminar las notas numéricas en Primaria. No sirven para lo que dicen que sirven. Así de claro. En todo caso, si tanto miedo nos da, eliminarlas durante el curso y anotarlas al final  en las Actas de Evaluación que nos indican si promociona o no de curso. Pero, al menos,  durante el curso cambiarlas por valoraciones cualitativas que les ayuden a mejorar su aprendizaje. No es ciencia ficción. Muchos países europeos ya lo hacen así (no solo la maravillosa Finlandia).

Y ya que estamos cambiar la manera de informar a las familias, eliminando ese boletín y cambiarlo por un informe más completo.

Yo utilizo este, con todas las imperfecciones que pueda tener. Pero de momento me sirve y lo envío una vez al mes. Y lo adjunto al ridículo "boletín" que nos imprime el SICE. Es una simple tabla con varios espacios en blanco que me permiten explicar razonadamente cada una de mis decisiones. El alumno se autoevalúa con las rúbricas y con un registro de datos (por ejemplo, de los cuadernos, como explico al final de esta reflexión)







Dicen que la forma de evaluar de un centro escolar dice mucho sobre qué y cómo aprenden sus alumnos/as. Quizá sea hora de dar un paso al frente.

Titulaba esta reflexión ¿Qué notas?. Pues noto una extraña sensación de amargura y de impotencia. Una sensación de no ser justo y de "cumplir" con ciertas "normas", que en realidad no lo son, incoherentes con lo que pienso y lo que siento. No son normas, son decisiones que tomamos o dejamos que otros tomen por nosotros sin cuestionarnos por qué y para qué. 


Para saber más






anexo

Estas son algunas de las rúbricas que utilizo en clase.






Esta es la guía que utilizamos para valorar el trabajo en los cuadernos de trabajo:
Consta de 15 items. Cada alumno marca con X la casilla correspondiente y el profesor también. Se analiza la visión de cada uno conjuntamente y se anota la puntuación. Suponen un 30% de la nota final.


Cuadernos by javier on Scribd







Rúbrica de trabajo en equipo



Rubrica Trabajo en Equipo by javier on Scribd (no está elaborada por mi pero desconozco al autor, la utilizo actualmente hasta que construyamos una rúbrica propia más acorde a nuestra metodología)




En algunas materias, como en Matemáticas, los alumnos disponen de una guía de contenidos mínimos y de objetivos a lograr en esa unidad didáctica.






Nov 26, 2014

LA INNOVACIÓN NOS PISA LOS TALONES, PERO NOSOTROS VAMOS MÁS RÁPIDO



Después de sumergirme estas semanas en el océano de las evaluaciones internacionales y bucear detalladamente, es momento de salir a la superficie y reflexionar.

Quiero centrarme en un solo aspecto: la innovación y el profesorado.  Si algo podemos aprender de los resultados de PISA y demás pruebas, es que es necesario modificar nuestras prácticas pedagógicas porque la calidad de un sistema educativo no puede ser superior a la calidad de su profesores y del trabajo que desarrollan (Andreas Schleicher)   Y no es que tengamos que innovar para cambiar las cosas, es que tenemos que innovar porque las cosas cambian.  Los avances tecnológicos, sociales, económicos, están transformando la sociedad (el conocimientos, los usos y costumbres,  el aprendizaje…) y la escuela no puede quedar al margen. Más bien al contrario, debe ser (como siempre debió ser) un medio de transformación social y responder a las nuevas demandas sociales del siglo XXI.
He leído el informe TALIS ,  el Estudio Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje,  realizado entre 70.000 profesores y directores de 23 países cuyo propósito es estudiar las condiciones de la enseñanza y el aprendizaje, la dirección en los centros, la preparación y desarrollo profesional y la valoración del trabajo de los profesores.

Vayamos con algunas cifras, pero ¡cuidado!, sujétense que hay curvas:

-          Un 41% de profesores trabaja en un centro en  el que NO se ha llevado a cabo una autoevaluación en los últimos 5 años. 
-          Un 60% de los profesores NO ha sido sometido a una evaluación ni ha recibido información sobre su trabajo.
-          Un 90% dicen que NO recibirían ningún reconocimiento por mejorar la calidad de su enseñanza o por ser más innovadores en su enseñanza.

Estos datos me llevan a realizar unas reflexiones que comparto con vosotros:

1-      No existe una cultura evaluativa en España.  Y no será  porque no evaluamos. De hecho, es curioso que siendo la escuela un lugar donde estamos constantemente evaluando (dividimos el curso en evaluaciones, controles, parciales, exámenes,  boletines de notas, reválidas, pruebas de “destrezas indispensables”,  memoria del ciclo, del Claustro, de la CCP, nos evalúan los padres, …) y, recordando que la evaluación busca la mejora del aprendizaje y de la enseñanza; resulta curioso, decía que la escuela  sea uno de los lugares donde menos se cambia o se cambia más lentamente.  Lo datos reflejan que vivimos muy cómodos porque nadie nos evalúa. Una vez cerrada la puerta del aula,  pocas explicaciones debemos dar y a nadie debemos rendir cuentas.

2-      Los maestros que llegan nuevos tampoco suelen aportar nuevos planteamientos innovadores. La formación de los futuros maestros creo que adolece de muchos errores tanto sobre metodologías activas, uso de las TIC o estrategias de evaluación.   A los profesores de prácticas no se les exige ninguna tarea especialmente comprometida,  aprobar la práctica es pura rutina. El mismo procedimiento de acceso a la profesión  creo que no es el idóneo, basta compararlo con  la selección de profesorado en Finlandia (¡siempre Finlandia!).

3-      La formación continua depende de la buena voluntad e iniciativa del profesorado (salvo algunas mínimas exigencias de horas para cobrar parte del sueldo, cada 6 años). Yo hablo de la carencia de una auténtica y eficaz formación en centros.  La carrera docente es limitada y no promueve la innovación y el cambio. ¿Total, para qué complicarse la vida?  Trabaje más o menos, mejor o peor voy a ganar lo mismo, tendré menos problemas con los padres y menos complicaciones con los compañeros.  El dato del 90% que piensa que no les merece la pena o que no compensa innovar o introducir mejoras en sus prácticas, es preocupante (y reveladora).

4-      Trabajamos aislados. Nos reunimos bastante pero trabajamos generalmente solos. España, según TALIS, es el país en el que la cooperación entre profesores se limita a intercambio y coordinación de ideas e información y no de colaboración profesional directa.  Y un profesor no puede trabajar solo.  No estamos acostumbrados a trabajar en equipo, de forma colaborativa.   Y, como escuché una vez al ministro Ángel Gabilondo, un profesor aislado es un peligro público. Se educa en comunidad. Se aprende siempre con otros, compartiendo experiencias; se piensa con otros, se vive con otros, se crece con otros, se educa con otros.  Personalmente, he de admitir que, como dice la canción, "soy amigo de la piedra ya, de tropezar" pero aún así  participo en grupos de trabajo con otros docentes europeos a través del Programa eTwinning y debo reconocer que el grado de confianza, de debate, de reflexión... es inmensamente mayor que con muchos de mis propios compañeros de colegio.  Y he aprendido mucho conociendo experiencias de éxito y buenas prácticas reales en el aula.

¿Y qué se puede hacer? ¿Hay solución? Tanto como eso, no lo sé, más quisiera tenerlas. Pero creo que no nos vendrían mal algunas “cosillas”:

1-      Soy partidario de una mayor autonomía del profesorado para implementar programas y  métodos didácticos que promueven nuevas formas de enseñar (porque vivimos nuevas formas de aprender). El currículo o la organización escolar, los horarios, las asignaturas,...se convierten demasiado a menudo en obstáculos para el cambio.  Mi opción: el trabajo cooperativo (¡ojo, no hablo simplemente  de trabajar “juntos” para hacer un mural o trabajo en equipo, me refiero a grupos heterogéneos cooperativos que potencian la creatividad, rompe el individualismo y la competitividad,  mejora la autoestima y la motivación y además promueve un aprendizaje más eficiente y duradero) y el trabajo colaborativo con otros centros docentes y, por encima de todo, metodologías activas centradas en el alumno: ABP, gamificación, ...

2-      Sigo con la autonomía. Autonomía para elaborar mi propio material sin utilizar  libros de texto en ninguna materia que me impongan qué y cómo enseño y qué o cómo evalúo. No puedo atender a la diversidad del aula con un solo material /propuesta, y me niego  a que ninguna editorial me dicte los textos, preguntas o problemas que harán progresar a mis alumnos que yo conozco tan bien (no creo en el alumno estándar)  no me considero un mero aplicador de libros o guías didácticas y así que exprimo al máximo el potencial de las TIC.

3-      Esa autonomía exige también rendir cuentas, ser evaluado.  Propuesta: mejorar la carrera docente valorando las iniciativas innovadoras, la dedicación y el logro de  objetivos educativos.

4-      No creo en el trabajo solitario. Nos necesitamos. El trabajo en equipo de forma colaborativa, la creación de grupos de trabajo, la participación en grupos de discusión o debate como este propio curso… son buenas medidas para comenzar el cambio. Pero debe ir más allá. La auténtica colaboración es el motor del cambio y la mejora educativa. Mi opción: la presencia de 2 profesores en el aula en materias como Lengua o Matemáticas (los resultados de la docencia compartida aseguro que son espectaculares, para el alumno y para mí)  y el trabajo colaborativo con docentes (del centro o de otros centros, incluso extranjeros). Creo que sería buena idea trabajar en una especie de  Red de Centros donde pudiéramos compartir e intercambiar experiencias y prácticas de éxito.


Comparto con Alvaro Marchesi la opinión de que los informes externos sugieren que el cambio principal que debería provocarse para mejorar los resultados de nuestros alumnos está en las aulas y no tanto en el funcionamiento de las escuelas.

Y tenemos tarea por delante:
La precisión de los objetivos y contenidos de aprendizaje (el currículo)
La distribución del tiempo de enseñanza (horarios y organización)
El cambio metodológico
La mejora de la respuesta ante la diversidad en el aula
La formación de profesores, inicial y continua. 
La mejora y diversificación de la evaluación.

Sé que el asunto es complejo y que mis opiniones son fácilmente matizables: me  dejé en el tintero otras cuestiones como la falta de apoyo que reciben  los profesores, la  responsabilidad en todo esto de los legisladores y Administraciones Educativas (¿o mejor, irresponsabilidad?), la colaboración (o la ausencia de ella) de las familias, la enorme presión social,  la valoración y prestigio de los docentes, su malestar e incluso su soledad, también la vocación, la ilusión, la convicción de que tenemos una tarea vital para la sociedad del futuro. 

enlace al espacio de debate MOOC
https://preguntas.mooc.educalab.es/preguntas_pisa_timss/pregunta/4614/la-innovacion-nos-pisa-los-talones-pero-nosotros-vamos-mas-rapido/

Nov 25, 2014

actividad 3: qué preguntas utilizamos

La tarea 3 nos pide responder a esta pregunta:
Cuando elaboras una prueba,
  • ¿qué tipo de preguntas utilizas más frecuentemente?
  • ¿evitas algún tipo de pregunta?

La verdad es que no soy muy partidario de elaborar pruebas, si entendemos como pruebas los tradicionales exámenes.  En el post anterior ya explicaba mi opinión sobre los "controles".

Para contestar a la pregunta me fijaré en algunas pruebas que utilizo aunque no sean como evaluación sino como situaciones de aprendizaje. Y para comenzar lo haré diciendo cuales son las preguntas que NO hago para luego pasar a las que sí realizo.

Muchas de las preguntas que nos encontramos en los libros de texto muestran si los alumnos son buenos memorizadores o buenos receptores, pues se les pide que vuelquen los contenidos explicados. No ayudan a saber si los alumnos son críticos, si han comprendido, si pueden explicar esos contenidos, si saben aplicarlos a nuevas situaciones...

Este es un ejemplo del libro de 4º


(el texto continúa, es solo un fragmento...)
Y las preguntas planteadas son del tipo.
1- ¿qué profesión tiene el protagonista?
2- ¿a donde regresaba el leñador?
3- ¿que cruza el leñador?
4- ¿qué se le cayó al agua?
etc...

Ninguna de estas preguntas sirve, a mi juicio, para medir la comprensión lectora. Analizándolo desde la óptica items/evaluaciones internacionales  creo que se refieren solo a un proceso simple de obtención de información explícita. No exige realmente ninguna comprensión, basta con repasar el texto y  buscar la respuesta a cada pregunta y responder literalmente copiando del texto sin que ello implique necesariamente que se haya comprendido.

Personalmente, no me gustan las pruebas de respuesta cerrada.   Prefiero las de respuesta abierta donde los alumnos tengan que poner a prueba los conocimientos adquiridos (realizar inferencias, elaborar hipótesis, formular teorías, argumentar opiniones,...).  Las otras no suponen siempre comprensión del texto y transmiten una idea errónea de la lectura porque enseñan que hay una única respuesta y que todo lo que se aparte de esa respuesta del libro o de profesor es errónea. Además de exigir a los alumnos aprendizajes de  poca complejidad cognitiva que no pueden resumirse en un verdadero o falso, un sí o un no,...

Busco preguntas que traten de medir lo que el alumnado sabe hacer utilizando sus conocimientos, destrezas y actitudes,  y a la vez, el grado de competencias básicas de que dispone. Aprender un texto no es solo comprenderlo respondiendo a un cuestionario, es utilizar la información del texto leído y su significado en tareas de la vida real. Comprender es apropiarse del texto, interpretar lo que dicen las palabras y construir un significado nuevo- 

Tampoco suelo realizar para pruebas de evaluación (sí para tareas de aprendizaje) preguntas de completar espacios en blanco o relacionar con flechas o verdadero/falso, salvo que las combine de manera que pueda cerciorarme de que la respuesta no es al azar sino que unas son coherentes con las otras y el alumno demuestra una comprensión global del tema en cuestión. 

Prefiero las de selección múltiple, las encuestas con escalas tipo Likert, la respuesta corta o larga, que exijan la puesta en práctica de los conocimientos. 









Nov 24, 2014

reflexionando sobre evaluación : los exámenes

El examen no es el instrumento idóneo para saber lo que sabe un alumno, especialmente si hablamos en términos de competencias.  ¿Cuál es su fortaleza didáctica? ¿Cuál es realmente su valor educativo? Entre otras cosas, los maestros pensamos que solo por el mero hecho de conocer la materia somos competentes para crear una prueba de evaluación.  La codificación de PISA nos demuestra lo contrario.
En nuestro día a día es más fácil corregir unas faltas de ortografía que la coherencia o la adecuación de una composición escrita; es más fácil  corregir una pregunta sobre una fecha o un dato (que la LOMCE tanto propugna ahora) qué explicar las causas de una acontecimiento histórico. Los exámenes fomentan (generalmente) un aprendizaje repetitivo, una memoria inmediata y no una comprensión global o aprendizajes significativos. Por no hablar de que fomenta una visión reduccionista del conocimiento (la respuesta única, el volcado de la información memorizada tal cual; pocas veces un examen fomenta el pensamiento, el razonamiento, la argumentación,…nuestros “controles” se parecen muy poco a los ítem de las evaluaciones externas. También habría que hablar de la supuesta "objetividad" de las pruebas. Ya dije en otro post que el problema no es la objetividad o no, o si me apuran, la justicia o no, el problema en la evaluación es la arbitrariedad.  ¿Justicia es evaluar a todos por igual, incluso como decían alguien no sabiendo el nombre del auto del examen?

Y lo que para mí es más grave: suelen ser un ataque directo a la diversidad del alumnado. Si esta diversidad está presente en las programaciones, en las tareas cotidianas del aula.. ¿Por qué no evaluar para y desde la diversidad? ¿Por qué seguir identificando aprobar y saber? (y por tanto identificar el suspenso con el “no sabe”) ¿Por qué va a ser el examen el que priorice qué es importante y qué no; es que el alumno no aprende más que lo que se evalúa? ¿Evaluamos siempre lo más importante?  ¿No estamos fomentando el interés por aprobar en vez del interés por aprender? 

 ¿No debería ser la evaluación una ayuda para el alumno para favorecer su aprendizaje y una ayuda para el profesor para mejorar la respuesta educativa a las necesidades de sus alumnos?

¿Y qué hacer entonces? Ojalá tuviera la solución. Tengo mi experiencia:


Yo no realizo exámenes. En 6º de primaria creo que no deberíamos realizarlos (salvo quizá como aprendizaje de una técnica de trabajo, como se aprende a rellenar una encuesta, a  escribir una carta, a hacer un resumen…).  Y cuando paso una prueba escrita no la califico con notas, solo con valoraciones individuales sobre los errores (por cierto, no los aclaro, solo los indico para que sea el alumno el que los rectifique); sobre las mejoras posibles, sobre los planteamientos acertados…. Hago comentarios, doy consejos, formulo preguntas, pongo ejemplos…  Creo que les ayuda más a aprender y entiendo el examen como eso, una ayuda para el alumno. En definitiva, será el uso de la información que nos da el examen lo que hará de ellos algo útil o inútil.

Trabajo sin libro de texto en ninguna materia. Elaboro mis propios materiales (¡benditas TIC!) ya que me ayudan a atender mejor la diversidad que la propuesta única de una editorial (utilizo Hot Potaoes, Cuadernia, Webquest y cazas del tesoro, Blogs y Wikis y otras herramientas de la web 2.0,  herramientas colaborativas...) . Además prefiero ser yo quien decida las lecturas que leen mis alumnos,  y quien formule las preguntas que le ayuden a su comprensión; prefiero decidir yo la dificultad de los problemas, y los estímulos (en lenguaje PISA) de cada tarea; prefiero ser yo quien decida qué se da en clase y qué no; que se evalúa y qué no;  ninguna editorial puede sustituirme porque soy quien mejor conoce a mis alumnos, quizá me den seguridad y comodidad pero entonces dejaría de ser maestro  (cualquiera puede aplicar una guía didáctica sin más). No busco ninguna de esas dos cosas.  El arte de educar es mucho más que eso.  Creo firmemente que los maestros necesitamos reivindicar nuestro trabajo, disponer de mayor autonomía y, también, por supuesto, rendir cuentas (¿cuándo fue la última vez que alguien nos ha evaluado?). No soy partidario del examen (tal y como suele utilizarse) pero sí de una auténtica cultura evaluativa que no existe.


Utilizo una metodología cooperativa mediante grupos de tarea multinivel.  La evaluación se convierte en una actividad más integrada en el aprendizaje. En un momento importante para aprender.  ¿Instrumentos? Las rúbricas de evaluación, los registros de actividad, el portafolio, la entrevista con el alumno.  ¿los métodos? La observación, el informe individual, el análisis de actividad, los indicadores de logro, sin olvidar la importancia de la autoevaluación y la cooperación como medida coherente con mi opción metodológica. 


Nov 23, 2014

más sobre la evaluación

Bullen en mi cabeza muchísimas reflexiones sobre la evaluación, avivadas con la leña que suponen todas las ideas, sugerencias y opiniones de los compañeros/as de curso MOOC.

Más que preguntarnos ¿qué, cuándo y cómo evaluar? , preguntitas que, siendo importantes, solemos responder con un sinfín de afirmaciones tan generales como poco practicadas, que adornan muy bien nuestras programaciones  pero que, en nuestro interior, sabemos que son papel mojado.  (me suena a cuando nos preguntan sobre nuestra metodología y respondemos eso de “activa y participativa”, cuando en la realidad la participación real de los alumnos es nula y la actividad se reduce a seguir siendo meros receptores de información y reproductores de la misma); más que preguntarnos eso, decía, me pregunto  si la cuestión  clave no sería  ¿por qué? y ¿para qué evaluar?; es decir, poner el acento en los fines de la evaluación y en los destinatarios de la evaluación. ¿ al servicio de quién y de qué  realizamos la evaluación?

En este punto, creo que sería necesario hablar de qué prácticas pedagógicas implementamos en el aula. En la evaluación subyace nuestra propia concepción de la escuela, del aprendizaje, del conocimiento, incluso de la sociedad.  En cada pregunta que elegimos para nuestros controles evidenciamos una concepción de la enseñanza, del aprendizaje, de la tarea de la escuela. Y creo que tendemos a reproducir lo que vivimos como alumnos. Y no es tan grave la subjetividad, que creo es inevitable en cierto grado, como la arbitrariedad.

Sobre los exámenes habría mucho que comentar. No soy muy partidario, así de entrada. De hecho, hace años que abandoné los “controles” y las “notas” (salvo exigencias legislativas) y reconozco que me costó (aún me sigue costando) muchas reflexiones, dudas e inquietudes.  Leí en algún sitio que  Buen profesor es el que garantiza el éxito, no el que confirma el fracaso, y creo que los exámenes solo confirman el fracaso de muchos alumnos.  Nos centramos en penalizar errores más que en incentivar la búsqueda de estrategias cognitivas que nuestros alumnos ponen en juego al responder. Tampoco creo que sean la mejor forma de atender a la diversidad del aula. Además ¿sabemos corregir exámenes simplemente porque conocemos las respuestas?. Después de estas 3 primeras tareas del curso PISA yo creo que no porque para confeccionar la codificación (corrección) de las pruebas entran en juego mucho más factores que el mero conocimiento de las soluciones.





 Además, podríamos abrir un debate importante sobre la diferencia y la distancia entre aprobar y saber. Me niego a identificar el aprobado con el aprendizaje y la evaluación por competencias no hace sino confirmar esta idea. ¿cuántos alumnos de los que suspenden PISA han obtenido excelentes notas en sus institutos? ¿y viceversa?  Los propios alumnos saben muy bien la diferencia y que las notas no son reflejo objetivo de lo aprendido.  Y actúan en consecuencia. Y nosotros también. De hecho, en mi centro escolar, el perfil de cada profesor influye más en los resultados que cualquier otro aspecto. Unos utilizan la evaluación "para motivar", otros como "llamada de atención", aprueban para "incentivar" o suspenden para "tirar de las orejas". El número de suspensos y aprobados depende más del uso que hace el profesor en cada  evaluación (que es diferente según sea la primera, segunda o tercera; o según sea final de ciclo o no) que de los resultados objetivos de los controles. 

Lo que tengo claro es que si el siglo XXI nos exigen cambiar ineludiblemente algunas prácticas pedagógicas eso debe conllevar el cambio de nuestras formas de evaluación.



tarea 4.1: ¿Como corriges?

Antes de responder a las preguntas, tengo que admitir que me crea muchas reflexiones. Creo que hago lo posible para evaluar de forma justa pero pongo en duda constantemente mis planteamientos y me cuestiono muy a menudo si lo que hago es correcto o justo. Tras casi 25 años de docencia debo decir que aún no hallé la respuesta definitiva.  Lanzo aquí simplemente mis reflexiones:


  • ¿nos consideramos justos, estrictos o que corregimos con manga ancha?
Claro que estudié en la Escuela de Magisterio, como todos, los tipos de evaluación (diagnóstico, inicial, final, sumativa, formativa…) y la teoría sobre qué, cuándo y cómo evaluar, y así figuran en muchos documentos del centro.  ¿Pero se traducen esos conocimientos teóricos en alguna medida concreta en mi práctica docente diaria?  ¿No sigo siendo un “juez” de resultados como si no tuviera nada que ver con ellos?. En el tema de la evaluación nos situamos frente a nuestros alumnos como si no estuviéramos a su lado.

Creo que la función esencial de la evaluación NO es medir la capacidad y el rendimiento de mis alumnos. Creo que la evaluación debe ser un instrumento de aprendizaje para el alumno (para favorecerlo)  y un instrumento de mejora de la enseñanza para el maestro.  Las posibilidades educativas de la evaluación son mucho más amplias de lo que habitualmente pensamos.  La verdadera motivación surge cuando nuestros alumnos constatan (mediante los resultados de la evaluación) que aprenden y avanzan gracias a su esfuerzo  y no a otras variables que ellos no pueden controlar.
Me inquieta el asunto de  la influencia de muchos factores que hacen que mis valoraciones puedan estar sometidas a un inmenso margen de incertidumbre: mis propias expectativas hacia mis alumnos, mi estado de ánimo, la dificultad objetiva de las pruebas, su validez y fiabilidad,  la duda de si la evaluación es coherente con mi planteamiento pedagógico y si contribuye a su mejora,
Hay muchos estudios que demuestran  que existen valoraciones muy diferentes a una misma prueba según el profesor que evalúe (yo mismo hice esa experiencia con ayuda de un compañero con resultados sorprendentes) e incluso según el momento en que se evalúe (en 6º curso he “re-evaluado” pruebas del curso anterior y los resultados no coinciden).
La evaluación debería ser una ayuda. Debería servir al alumno para reflexionar sobre su aprendizaje y para tomar decisiones al respecto. La evaluación no debería utilizarse para averiguar quién hace las cosas bien y quién las hace mal, sino para que todos los alumnos hagan las cosas mejor.
Sé que soy exigente (mis alumnos seguro que utilizarían otros adjetivos, no digo ya sus padres) pero creo que contemplo multitud de variables que pueden acercarme a llevar a cabo un proceso evaluador más ajustado al proceso de enseñanza-aprendizaje que se da en mi aula.

  • ¿qué procedimiento sigues para corregir por igual a todos los alumnos? (estableces criterios mínimos y máximos, comparables)

Los alumnos suelen preguntar ante una tarea nueva ¿esto entra en el examen?. Es decir, sólo es importante lo que se va a evaluar. Por eso, considero que debemos evaluar todo lo que hace el alumno (no solo conocimientos, también procedimientos, actitudes, valores)

Para ello utilizo como instrumento de evaluación el portafolio: una carpeta individual donde incluyo todos los productos de los alumnos: cuadernos de trabajo, textos, borradores, controles escritos, deberes, diario semanal, poemas, cartas, trabajos extras, ejercicios de refuerzo, comentarios de lecturas,  dibujos, registros de participación en blogs, wikis que utilizamos a diario.

Además del portafolio, utilizo rúbricas de evaluación e indicadores de logro de cada tarea, que los alumnos deben tener claro antes de comenzar cada unidad/proyecto.  Deben saber y tener claro siempre qué se espera de ellos en cada unidad de aprendizaje, con objetivos claros y constatables.  Pero el examen escrito, llámese examen, control, prueba… es un procedimientos fuertemente instaurado, casi institucionalizado,  en nuestro sistema educativo y social y que ofrece grandes resistencias para ser modificado o desplazado por otros medios evaluadores. Yo intento no separar tareas de aprendizaje y tareas de evaluación. Creo que así se llega a una auténtica evaluación continua y no con la suma de controles parciales.  La evaluación continua no es estar continuamente evaluando.
Como método utilizo una guía de observación del trabajo en equipo, ya que trabajo con grupos cooperativos (explicar cómo y por qué me llevaría más de un curso MOOC pero adelanto que considero que los alumnos aprenden cuando observan qué han hecho mal cuando lo comparten y comparan con los demás, que aprenden interactuando y que el potencial del trabajo entre iguales es enorme)
El momento más importante en la escuela no es el de la realización de la tarea, es el de la evaluación, el de la corrección: cuando ven qué han aprendido, cuando modifican sus ideas previas.  Considero fundamental la coevaluación y  la autoevaluación que contribuye a la reflexión del alumno (siempre de la mano de la confrontación con la percepción del maestro, no solo es la aceptación de sus errores y aciertos indicados por el profesor, deben pasar de receptores a verdaderos agentes de su evaluación). Creo que los alumnos son (no solo en la evaluación) meros espectadores y no “protagonistas” como dicen todas las programaciones y otros documentos del centro. Papel mojado, seamos sinceros.

Tengo que admitir que cada tres meses me enfrento a un serio dilema: las notas.  El traducir todas las valoraciones a una nota numérica me crea serios problemas. Creo que a todos nos pasa eso y lucho por no reducir la evaluación a la calificación de los resultados del alumno en períodos concretos (las 3 evaluaciones). Corregir no debe ser solo detectar errores. Por eso, acompaño mis notas de informes valorativos sobre  las dificultades y logros que realizan mis alumnos, creo que aportan más información a alumnos y padres que un simple "suficiente" o un "notable".  De hecho, en los “controles” no pongo nota.  Redacto valoraciones de cada respuesta (hay un error aquí, esta cuenta no está bien, el planteamiento es correcto pero las operaciones no, esta frase no está bien construida, no se entiende lo que quieres decir,  creo que debes utilizar otras expresiones como….,  no explicas o no defines como se pide en la pregunta, …,),  además hago preguntas e indico tareas a realizar (como revisa estas palabras (sin decir dónde está el error o la falta de ortografía),  revisa la teoría del cuaderno y luego redacta de nuevo el ejercicio,  esto no es así, pregúntalo en clase en alto y yo lo explico de nuevo…). A pesar de llevar muchos años procediendo de esta manera, me encuentro siempre con padres y madres (ahora incluso niños y niñas de 8-9 años) que “exigen” una nota “para saber cómo va”. La "mochila" (cargada de vivencias, experiencias, concepciones, prejuicios...)  educativa de cada uno de nosotros pesa mucho, demasiado diría yo. Además, las instituciones educativas incluida la Administración (Inspección, Consejería, Ministerio) no contribuyen a ese concepto de evaluación, a pesar de las bonitas palabras que incluyen en normas, leyes y resoluciones.  Papel mojado, de nuevo.




Nov 13, 2014

INVESTIGADORES EN RED


Esta actividad (Unidad 2) consiste en hacer una búsqueda por Internet sobre  modo en que las fuentes informativas presentan la información y reflexionar en nuestro blog sobre los resultados de esa búsqueda.  

La búsqueda ha sido cosa fácil,  la Red está inundada de noticias sobre las evaluaciones externas, especialmente PISA.   Un océano de  titulares, que a la vista de las expresiones utilizadas y el tono empleado, parece estar siempre encrespado y con fuerte marejada. 

En un primer momento, desde la orilla, me fijé en el "tono" de las noticias: "se rajan" (en todas partes cuecen habas, también en Colombia); "los mejores y los peores", "a la cola", "suspenso en la vida real",  "anclada"...). 




Decidí entonces dejar de nadar por  la superficie  y sumergirme en las profundidades de las noticias. A medida que me adentraba  y leía y leía, la presión era mayor y sentía esa falta de oxígeno que te obliga de vez en cuando a salir a la superficie.  Ni mis pulmones ni mi cerebro aguantan ese trago.
Esos titulares melodramáticos y catastrofistas contrastan con mis ideas de lo que es y debe ser la educación y de lo que son y deben servir las evaluaciones externas. En mi opinión, no aportan mucho a un debate educativo serio.
Una vez pude quitarme la arena de los ojos y despejar el camino, topé entonces con extraños seres desconocidos a los que no quise ni detenerme a contemplar mucho tiempo (esas referencias a a Madrid / Cataluña cual cutre discusión futbolera cuyo propósito real desconozco pero que podemos imaginar)

Y como el mar estaba bastante movidito y la bandera ondeaba roja,  opté por retirarme a la playa y meditar lejos del mundanal ruido con la necesaria tranquilidad.



Me llamó la atención el distinto tratamiento de esta noticia ante la publicación de resultados PISA de 2012.  Las dos están publicadas el mismo día: el 3 /12/ 2013.  

El primero,  nos indica que España "escala posiciones" aunque luego matiza que sigue por debajo de la OCDE pero no deja de presentarlo como noticia positiva. 

El segundo,  nos advierte de que España "sigue anclada a la cola".

¿Cómo puede ser que escalemos posiciones si seguimos anclados a la cola?

Una atenta lectura completa de cada noticia nos da la respuesta. Fijémonos en las palabras utilizadas.

En la primera, nos hablan en tono algo más optimista, podemos leer que se reduce la brecha, que 7 comunidades superan la media de la OCDE, que España casi roza los promedios en las tres materias
Después hace un repaso a la situación de otros países y luego analiza los resultados españoles por materias. El optimismo sigue presente: en lectura alcanzamos el máximo valor (488) desde 2003 (481), bajó en 2006 (461) y remontó en 2009 (481). También en Ciencias alcanzamos la puntuación superior de las ediciones anteriores (496), en mates sí estamos estancados. 
Para finalizar la noticia destaca con letra negrita algunas consideraciones referidas a la la equidad (los alumnos con un nivel socieconómico favorecido superaron a los de nivel más bajo) y termina con una referencia a los resultados de los chicos y de los repetidores (que obtienen 102 puntos menos) 

En la segunda cambia la cosa. Comienza destacando en negrita que  el sistema educativo español se mantiene en las posiciones de la cola. Dice que PISA es pesimista respecto a nuestro país y que España permanece anclada justo por debajo de la media de la OCDE.  No se entiende muy bien esa insistencia en lo negativo cuando luego podemos leer (en los apartados de cada materia) frases como :  en matemáticas, nos mantenemos más o menos igual....; en Lectura, España crece 7 puntos.....Y, en Ciencias, que es donde mejores resultados conseguimos de las tres disciplinas, pasamos de 488 a 496 puntos

Como en el primer caso, dedica unas líneas a destacar el empeoramiento de la equidad y termina con un apartado sobre declaraciones de algún dirigente político. 

Tampoco me alargaré más, la lectura de las noticias deja una imagen clara de la intención de cada medio y el motivo de destacar uno u otro dato. El uso del lenguaje no es neutral. 

¡Qué manera tan parecida y tan diferente  de explicar una misma frase! 


 No entremos a discutir el uso de la negrita o las comillas en los textos ¿verdad?

Como ya expliqué en el foro de debate del curso, en respuesta a un compañero, existe una dicotomía entre información y opinión y sobre todo, entre información y desinformación.  Ya sabemos que es inevitable que los periodistas informen y opinen y valoren las noticias, que son prácticamente inseparables opinión e información y, ello es perfecto, porque valorar es una forma de explicar la noticia si se hace desde el rigor, la transparencia y la honestidad.  Lo malo es cuando se utiliza la opinión para tergiversar y manipular la información porque se falsea dirigiendo la mirada solo hacia datos sesgados y sacados de contexto.
Creo que estos titulares entran en el juego político de utilizar la educación como arma arrojadiza entre adversarios. Importa poco el debate educativo y la búsqueda de soluciones.  Menos mal que después de la tempestad, siempre viene la calma. 
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Nov 9, 2014

EVALUACIÓN: SIN PISA Y SIN PAUSA



Hablando de las evaluaciones internacionales he llegado a una reflexión más general sobre la evaluación en sí misma. Resulta paradójico cómo la escuela es uno de los lugares donde más se evalúa (a los alumnos, las programaciones, la inspección, las memorias, PISA y demás estudios externos...) y , a la vez, uno de los lugares donde menos se cambia o donde se cambia más lentamente.

Y junto a esa ausencia de una auténtica evaluación (reflexión para la mejora) se une una carencia importante en la cultura del trabajo en equipo. Los maestros seguimos trabajando aislados y de forma individual (algo que también confirma PISA: entre otros datos,  solo e 10% de los profesores españoles más veteranos observan y ayudan a los que comienzan frente al 69% de la OCDE)

¿No influirán estos factores en nuestra práctica diaria y condicionará,en alguna medida, cómo y qué enseñamos y cómo y qué evaluamos? ¿no tendrá ello algo que ver con nuestros resultados en las evaluaciones internacionales?
Y es que, a pesar de lo dicho y de tantas evaluaciones internacionales, no destacamos precisamente por nuestra cultura de evaluación. 

Personalmente creo que  la evaluación es el elemento que posee  mayor potencial de transformación de la práctica. Alguien dijo que "lo que no se evalúa, se devalúa". Es necesaria la evaluación de la práctica docente como una estrategia para el desarrollo profesional de los educadores. Seguro que todos estamos de acuerdo en la importancia de la evaluación para la mejora del sistema (resultados, funcionamiento, ...). Pero eso no se traduce en medidas que lleven a  establecer procesos sistemáticos de evaluación en los centros docentes que se traduzca a la vez en iniciativas innovadoras.

La docencia sigue siendo casi una actividad privada ("mis alumnos..", "mi clase...")  y no existe una cultura ni unas condiciones favorables desde el punto de vista institucional hacia el trabajo colaborativo del profesorado. Y, personalmente creo, que los nuevos cambios legislativos tampoco van en esa dirección.

El año 2005 se lanzó el programa eTwinning, un programa de hermanamiento escolar a través de Internet promovido por la UE y que  forma parte de Erasmus+, el programa de la Unión Europea en materia de educación, formación, juventud y deporte. Desde ese año vengo participando en distintos proyectos colaborativos con  muchos docentes europeos,  asistiendo a Encuentros Didácticos, participando en  Grupos de Trabajo... y me ha servido para cambiar la visión que tenía de mi trabajo como docente.  Colaborar, compartir, reflexionar.. en equipo constituyen ya prácticas habituales en mi día a día y añaden un valor enriquecedor a mi experiencia personal y profesional.

En esos dos aspectos creo que debemos avanzar para lograr una mejora real de la calidad de nuestro sistema educativo.